Gestión

Cuando el resultado oculta el problema

La diferencia entre entregar y tener capacidad para entregar. Cumplir la meta no demuestra, por sí solo, que exista capacidad instalada. El resultado puede ocultar esfuerzo extraordinario, compensaciones, riesgos y costes que la gestión necesita hacer visibles.
Cuando el resultado oculta el problema

La meta se cumplió.

El cliente recibió.

El plazo se cumplió.

El indicador está en verde.

A primera vista, parece existir una conclusión obvia:

El sistema funcionó.

Pero ¿realmente funcionó?

Tal vez la entrega se produjo porque alguien se quedó trabajando hasta más tarde.

Tal vez un líder asumió actividades que deberían estar distribuidas entre el equipo.

Tal vez una persona experimentada corrigió silenciosamente errores antes de que llegaran al cliente.

Tal vez distintas áreas crearon controles paralelos para compensar información que el proceso no proporciona.

Tal vez se construyó rápidamente una hoja de cálculo porque los sistemas no se comunican.

Tal vez las decisiones volvieron a depender de quien “sabe cómo funcionan realmente las cosas”.

Tal vez todos hicieron un poco más.

Y entregaron.

El resultado apareció.

El problema también estaba allí. Solo que oculto detrás del resultado.

Cuando la entrega se convierte en evidencia de capacidad

Existe una suposición peligrosa en la gestión:

Si conseguimos entregar, entonces tenemos capacidad para entregar.

Ambas cosas no son necesariamente equivalentes.

Una organización puede producir determinado resultado porque cuenta con procesos adecuados, recursos compatibles, responsabilidades claras, información disponible, tecnología apropiada y personas preparadas para realizar el trabajo.

Pero puede producir exactamente el mismo resultado por otro camino:

improvisación, esfuerzo extraordinario, horas adicionales, dependencia de algunas personas, controles paralelos, intervención constante del liderazgo y sucesivas compensaciones.

Desde fuera, los resultados pueden parecer similares.

Internamente, son sistemas completamente diferentes.

En el primer caso, existe capacidad instalada.

En el segundo, la capacidad está siendo ampliada artificialmente por el esfuerzo de las personas que forman parte del sistema.

Esa diferencia no siempre aparece en los indicadores tradicionales.

Las personas pueden funcionar como amortiguadores del sistema

Las organizaciones son sistemas adaptativos.

Cuando una parte deja de responder adecuadamente, otras partes suelen intentar compensarla.

Y las personas son especialmente eficaces para hacerlo.

Perciben problemas.

Crean atajos.

Reorganizan prioridades.

Comparten información informalmente.

Asumen actividades adicionales.

Anticipan errores.

Corrigen fallos.

Encuentran maneras de hacer que las cosas sucedan.

Esta capacidad humana es extremadamente valiosa.

El problema comienza cuando lo que debería funcionar como capacidad de adaptación empieza a funcionar permanentemente como sustituto de una estructura adecuada.

La excepción se convierte en rutina.

El esfuerzo extraordinario se convierte en expectativa.

El conocimiento informal se convierte en proceso.

La disponibilidad de determinadas personas se convierte en capacidad de la organización.

Y, como la entrega continúa, la necesidad de una intervención estructural puede permanecer invisible.

El indicador puede estar en verde mientras el sistema se deteriora

Los indicadores normalmente registran resultados observables.

Cantidad producida.

Plazos.

Ingresos.

Costes.

Nivel de servicio.

Productividad.

Calidad.

Son necesarios.

Pero el resultado final, por sí solo, no cuenta toda la historia de cómo fue producido.

Imaginemos una operación que continúa cumpliendo sus plazos.

Si para ello el equipo necesita trabajar repetidamente más allá de su jornada, el indicador de plazo puede continuar en verde mientras otra parte del sistema comienza a deteriorarse.

Si un líder necesita revisar personalmente prácticamente todas las entregas importantes, la calidad puede mantenerse elevada mientras la capacidad de decisión de la estructura sigue siendo limitada.

Si una determinada persona concentra conocimiento crítico, la operación puede parecer estable mientras aumenta su vulnerabilidad.

Si se necesitan varias hojas de cálculo paralelas para producir información de gestión fiable, el informe puede seguir llegando a tiempo mientras el proceso que lo sostiene continúa siendo frágil.

Por tanto, es posible obtener un buen resultado y, al mismo tiempo, acumular riesgo.

Medir la entrega es diferente de comprender la capacidad que produjo esa entrega.

El coste de la compensación suele aparecer después

Existe otro problema.

Las compensaciones pueden funcionar durante bastante tiempo.

Eso dificulta su identificación.

Al principio, alguien asume una tarea adicional.

Después, otra persona crea un control.

Un líder comienza a seguir un determinado asunto más de cerca.

Se crea una reunión adicional.

Una hoja de cálculo empieza a complementar el sistema.

Algunos mensajes fuera del horario habitual resuelven excepciones.

Por separado, ninguna de estas acciones parece necesariamente grave.

Muchas de ellas son incluso respuestas inteligentes ante situaciones reales.

La cuestión está en la repetición.

Cuando mecanismos provisionales se vuelven permanentes, el sistema empieza a depender de ellos.

Y el coste puede aparecer de otras formas:

retrabajo,

aumento de la complejidad,

dependencia de personas específicas,

lentitud en la toma de decisiones,

dificultad para crecer,

pérdida de conocimiento,

conflictos entre áreas,

caída de la calidad,

sobrecarga del liderazgo,

o deterioro gradual de la capacidad de ejecución.

En ese momento, aquello que parecía eficiencia puede revelar que una parte del resultado estaba siendo financiada por una capacidad que no aparecía claramente en los números.

La entrega puede ser correcta y su rentabilidad, no

¿Cuánto cuesta realmente producir el resultado que estamos celebrando?

Algunas compensaciones aparecen rápidamente en los números.

Las horas adicionales tienen un coste.

El retrabajo consume horas que podrían estar produciendo valor.

Los controles paralelos consumen capacidad.

Los líderes que dedican continuamente su tiempo a resolver excepciones dejan de utilizarlo en otras responsabilidades.

Pero existen efectos que recorren un camino más largo antes de hacerse visibles financieramente.

La sobrecarga recurrente puede contribuir al desgaste de las personas. Las ausencias aumentan la presión sobre quienes permanecen. Esa redistribución puede generar nuevas sobrecargas, nuevas horas adicionales y nuevas necesidades de compensación.

Dependiendo de la intensidad y duración de este proceso, pueden aparecer más ausencias, sustituciones, pérdida de productividad, necesidades de formación, rotación y pérdida del conocimiento acumulado.

Se forma un ciclo que puede resultar difícil de ver cuando cada indicador se observa de forma aislada.

La entrega continúa.

El producto o servicio continúa llegando al cliente.

Pero el esfuerzo necesario para sostenerlo aumenta.

En este escenario, observar únicamente los ingresos, el volumen producido o el cumplimiento de la meta puede ofrecer una lectura incompleta de la rentabilidad.

También es necesario hacer visible el coste de la compensación.

Esto no significa atribuir automáticamente todo absentismo, baja laboral o rotación a la sobrecarga. Estos fenómenos tienen múltiples causas y deben analizarse a partir de evidencias.

Significa reconocer que, cuando existe una compensación recurrente, sus posibles efectos humanos, operativos y económicos también deben entrar en el campo de visión de la gestión.

Un resultado puede entregarse operativamente y, al mismo tiempo, estar consumiendo margen de forma silenciosa.

Y aquello que no se mide tiende a quedar fuera de la decisión.

La capacidad instalada no es el máximo que conseguimos hacer

Existe una diferencia importante entre preguntar:

¿Cuánto conseguimos entregar?

y preguntar:

¿Cuánto conseguimos entregar de manera consistente, repetible y sostenible en las condiciones existentes?

La primera pregunta puede revelar el límite alcanzado mediante el esfuerzo.

La segunda empieza a revelar la capacidad del sistema.

Esto cambia el análisis de gestión.

Una organización que entrega 100 utilizando continuamente un esfuerzo extraordinario no posee necesariamente una capacidad instalada de 100.

Del mismo modo, una organización que entrega 80 no tiene necesariamente un problema de personas.

Puede existir una restricción de proceso.

Una decisión mal distribuida.

Una regla inadecuada.

Un cuello de botella tecnológico.

Información no disponible.

Prioridades en conflicto.

Una estructura incompatible con la demanda.

O diferentes combinaciones de estos elementos.

Por eso, observar únicamente el lugar donde aparece el problema puede conducir a diagnósticos equivocados.

El problema puede aparecer en un lugar y originarse en otro

En Power 4P tratamos Personas, Procesos, Productos/Servicios y Rentabilidad como dimensiones interdependientes de un mismo sistema organizacional.

Esto significa que el síntoma no determina automáticamente dónde se encuentra su causa.

Una caída de productividad puede aparecer en las Personas y tener su origen en los Procesos.

Un problema de calidad percibido en el Producto puede estar relacionado con la información disponible para quienes realizan el trabajo.

Un deterioro de la Rentabilidad puede estar asociado a la forma en que se toman las decisiones operativas.

Un comportamiento aparentemente inadecuado puede estar siendo reforzado por el propio entorno en el que se produce.

Del mismo modo, una buena entrega no significa necesariamente que todas estas dimensiones estén funcionando adecuadamente.

Una de ellas puede estar compensando las debilidades de las demás.

Y una compensación que comienza en Personas o Procesos puede preservar temporalmente el Producto/Servicio mientras transfiere silenciosamente sus efectos a la Rentabilidad.

Por ello, antes de intervenir, es necesario comprender cómo se está produciendo el resultado y cuánto se está consumiendo para producirlo.

Evidenciar no es simplemente demostrar que se alcanzó la meta

Esta distinción también cambia la manera de interpretar las evidencias.

En el Ciclo de Gestión Power 4P, EVIDENCIAR significa demostrar, mediante hechos y resultados, qué cambió y si la hipótesis que orientó una intervención resistió el contacto con la realidad.

No significa simplemente comprobar si un indicador quedó en verde.

Un resultado puede confirmar que hubo entrega sin confirmar que hubo evolución de la capacidad.

Para comprender esa diferencia, necesitamos volver a otras preguntas:

¿Qué fue necesario para producir este resultado?

¿Qué recursos se consumieron?

¿Cuál fue el coste adicional de la compensación?

¿Dónde se produjeron excepciones?

¿Quién tuvo que intervenir?

¿Qué conocimientos fueron indispensables?

¿Qué controles paralelos se utilizaron?

¿Cuánto retrabajo ocurrió antes de la entrega?

¿Qué señales de sobrecarga, ausencia o sustitución aparecieron durante el período?

¿Puede repetirse el resultado en las mismas condiciones?

¿Continuaría funcionando el sistema si algunas personas clave no estuvieran disponibles?

Estas preguntas hacen visible aquello que el indicador final puede ocultar.

El objetivo no es eliminar el esfuerzo extraordinario

También sería un error concluir que todo esfuerzo adicional representa un fallo de gestión.

Las organizaciones afrontan crisis, cambios, picos de demanda, proyectos especiales y situaciones imprevisibles.

En esos momentos, la adaptación, el compromiso y el esfuerzo extraordinario pueden ser precisamente lo que permite superar una situación.

La cuestión no es impedir que eso ocurra.

La cuestión es percibir:

¿Cuándo lo extraordinario deja de ser extraordinario?

Si la organización necesita continuamente actos heroicos para funcionar, tal vez esos actos estén ocultando una necesidad de gestión.

Existe una diferencia significativa entre reconocer a las personas por su capacidad para superar una situación excepcional y construir un sistema que dependa permanentemente de esa excepcionalidad.

Tal vez la pregunta esté incompleta

Cuando un equipo entrega, naturalmente queremos saber:

¿Cuál fue el resultado?

Debemos seguir haciendo esa pregunta.

Pero quizá sea necesario añadir otra:

¿Qué fue necesario para producir ese resultado?

La primera muestra la entrega.

La segunda empieza a revelar la capacidad.

Y existe todavía una tercera:

¿Podríamos producir nuevamente ese resultado sin depender de un esfuerzo extraordinario?

Tal vez deberíamos añadir una cuarta:

¿Cuánto nos costó realmente producir ese resultado?

Es entonces cuando la conversación deja de ser solamente sobre desempeño y pasa a ser sobre gestión.

Porque una organización sostenible no es aquella que nunca necesita superar sus límites.

Es aquella que consigue distinguir claramente cuándo su sistema está produciendo el resultado y cuándo sus personas están compensando las limitaciones del sistema — haciendo visibles los efectos operativos, humanos y económicos de esa compensación.

Esa diferencia puede permanecer invisible durante mucho tiempo.

Especialmente mientras la meta continúa cumpliéndose.

Power 4P

El resultado no es solamente aquello que la organización entrega. Gestionar también implica comprender la capacidad, el esfuerzo y el coste necesarios para producirlo.

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